Érase una vez, en el Londres victoriano…

El 24 de noviembre de 1859 Londres no amaneció muy diferente que cualquier otro día, pero la ciencia sí: ese jueves salió a la luz On the Origin of Species, una obra que reorganizó la biología al identificar un proceso mediante el cual las variaciones heredables influyen en la supervivencia y la reproducción, y cuya acumulación genera nuevas formas a lo largo del tiempo, denominado selección natural. La primera edición, publicada por John Murray y agotada el mismo día, era el resultado de más de dos décadas de reflexión, cuadernos de campo, observaciones y ensayos experimentales (van Wyhe, 2008). Darwin no presentaba una intuición aislada, sino una teoría construida sobre un archivo inmenso de materiales recogidos desde su regreso del HMS Beagle: fósiles asociados a especies vivas, patrones geográficos repetidos en continentes e islas, variaciones minúsculas pero constantes dentro de poblaciones naturales (Barrett et al., 2010). La efeméride de hoy recuerda precisamente el momento en que esa acumulación de evidencia se convirtió en una propuesta científica estructurada.

El origen de esa teoría se encuentra en el viaje del HMS Beagle (1831-1836). Durante la circunnavegación, Darwin examinó la relación entre formas fósiles y vivas en Sudamérica, estudió la geología de zonas volcánicas y comparó la fauna de islas como las Galápagos, donde cada especie mostraba variaciones ligadas a su entorno inmediato (Darwin, 1839/1989). Paralelamente, leía a Charles Lyell, cuyo enfoque gradualista ofrecía la escala temporal necesaria para pensar procesos lentos y acumulativos. También conocía la obra de Jean-Baptiste Lamarck, quien había sostenido que las especies podían transformarse a lo largo de generaciones, aunque sin presentar un mecanismo empírico sólido para explicarlo (Lamarck, 1809/1984; Bowler, 2003). Darwin evaluó esa tradición, examinó sus límites y buscó una explicación que no dependiera de fuerzas internas mal definidas.

Lo decisivo de On the Origin of Species fue proponer un mecanismo para comprender la evolución. La selección natural parte de hechos observables: las poblaciones muestran diferencias heredables y los individuos no contribuyen por igual a la generación siguiente. Cuando esas diferencias influyen en el éxito reproductivo, sus efectos se acumulan con el paso del tiempo y las poblaciones pueden transformarse y divergir. Para sustentar esta idea, Darwin recurrió a ejemplos de selección artificial, a la distribución geográfica de las especies, al registro fósil y a la comparación anatómica y embriológica (Ruse, 1979). La publicación del 24 de noviembre de 1859 marcó así el paso de la evolución concebida como conjetura general a un marco explicativo apoyado en evidencias procedentes de disciplinas distintas.

Alejandro Valero.

Referencias:

Barrett, P. H., Bowman, J. C., French, J. C., & Slack, N. G. (2010). Darwin’s Origin of Species: A biography. Princeton University Press.

Bowler, P. J. (2003). Evolution: The history of an idea (3rd ed.). University of California Press.

Darwin, C. (1839/1989). El viaje del Beagle. Penguin Classics.

Darwin, C. (1859/2003). El origen de las especies. Penguin Classics.

Lamarck, J.-B. (1809/1984). Philosophie zoologique. Flammarion.

Ruse, M. (1979). The Darwinian revolution: Science red in tooth and claw. University of Chicago Press.

Van Wyhe, J. (2008). Darwin: The story of the man and his theories of evolution. John Murray.