LA HUELLA DEL PADRE: una realidad biológica frente a la desarticulación ideológica

En un contexto social donde se intenta reducir la figura del padre a un accesorio prescindible o a un rol intercambiable, la evidencia científica se erige como un muro de realidad. Eliminar el Día del Padre de los centros educativos no es un acto de inclusividad —solo un indigente intelectual o un asalariado sin escrúpulos aceptaría tal conclusión—, sino una negación de la ontología humana. Mientras ciertas narrativas de ingeniería social pretenden que la paternidad es un constructo cultural elástico, un artículo de referencia en The Lancet (Britto et al., 2017) demuestra que la presencia del padre es un pilar estructural e irrenunciable para la correcta arquitectura cerebral y el desarrollo del cuidado cariñoso y sensible (Nurturing Care).

Un factor determinante y exclusivo de esta figura es la denominada relación de activación, según un artículo de revisión de Human Development (Paquette, 2004) que señala que, a diferencia de la función materna, orientada tradicionalmente a la consolidación de la seguridad y el consuelo, el padre actúa como un catalizador de la autonomía. A través de lo que la literatura técnica define como ‘comportamiento de desafío sensible’ (challenging behavior), el padre incentiva al niño a explorar sus límites y a gestionar la incertidumbre mediante el juego físico y la exposición a riesgos controlados (Rollè et al., 2019). Este estímulo no es una imposición de fuerza, sino un entrenamiento en la resiliencia: al incentivar al niño a superar obstáculos, el padre le otorga las herramientas para regular niveles elevados de excitación y frustración, fundamentales para la estabilidad psíquica (Meuwissen y Carlson, 2019). De hecho, los menores con padres comprometidos presentan una sintonización del cortisol más eficiente, lo que confirma que el padre opera como un regulador fisiológico del estrés, blindando al individuo contra la ansiedad futura (Pancani et al., 2021).

Una publicación reciente de la Revista Anual de Psicología del Desarrollo (Volling & Cabrera, 2025) proponen mirar otra cosa: qué ocurre realmente en la relación padre-hijo. Su revisión sintetiza la evidencia en torno a tres procesos concretos —amor, juego y aprendizaje compartido— y muestra que la calidez, la sensibilidad, la estimulación lúdica y la guía cognitiva del padre contribuyen al desarrollo infantil de forma más precisa que los viejos indicadores administrativos sobre horas o tareas realizadas. La novedad de esta perspectiva no radica en proclamar únicamente que el padre “importa”, sino en explicar también de qué manera importa —la calidad relacional de la presencia paterna— y qué dimensiones de esa relación son las que muestran mayor capacidad predictiva.

Podríamos debatir acerca de cuándo se instaura la figura paterna, aspecto que servidor adjudica desde el momento de la concepción. Durante la gestación, el compromiso emocional del padre constituye el primer entorno de protección, reduciendo el cortisol materno y optimizando el neurodesarrollo feto-neonatal (Bronte-Tinkew et al., 2006). Hablar de padre es apelar a una función activadora que trasciende la herencia genética; es una responsabilidad de guía que facilita la transición hacia una madurez funcional y productiva, tal como señala una revisión sistemática de estudios longitudinales (Sarkadi et al., 2008). Por tanto, la invisibilización institucional del padre además de una afrenta al sentido común e insulto a la inteligencia, supone un ataque a los mecanismos de maduración y salud emocional del niño.

El impacto es también sistémico, ya que el compromiso del padre funciona como un amortiguador del estrés parental para la madre (Pilkington et al., 2015). La corresponsabilidad real disminuye la carga cognitiva materna, reduciendo el riesgo de psicopatologías perinatales y optimizando la sensibilidad interactiva de la madre con el menor (Hohmann-Marriott, 2011; Beestin et al., 2014). Sin embargo, la supresión de esta figura conlleva costos que la ingeniería social occidental prefiere ignorar. La ausencia de un modelo paterno comprometido es uno de los predictores más robustos del fracaso académico. Según el meta-análisis de Jeynes (2015), la implicación activa del padre correlaciona positivamente con una mayor persistencia cognitiva y un rendimiento superior en áreas lógicas y matemáticas, habilidades que se ven mermadas cuando el entorno carece de dicha función activadora.

En el ámbito de la conducta, el vacío dejado por la figura del padre correlaciona de manera alarmante con el incremento de la delincuencia juvenil y el abuso de sustancias. La investigación subraya que los varones criados sin un referente paterno funcional presentan una mayor propensión a desarrollar conductas antisociales, al carecer del modelo de control de impulsos que la interacción paterna proporciona (Sarkadi et al., 2008). Asimismo, en las hijas, esta ausencia acelera la maduración sexual y aumenta la vulnerabilidad emocional, incrementando el riesgo de relaciones de dependencia precoz (Ellis et al., 2003). En última instancia, frente al sentimentalismo político que ignora la biología, la evidencia longitudinal confirma que la integridad de la descendencia depende de una arquitectura familiar anclada en hechos biológicos y compromisos estables, no en ficciones sociológicas (Britto et al., 2017). Defender la paternidad es, en esencia, defender la salud estructural de las futuras generaciones.

Por lo tanto, celebrar el Día del Padre es un acto de orgullo y una oportunidad idónea para reafirmar el vínculo con nuestros padres. Es también la ocasión perfecta para obsequiar algo que, más allá del entretenimiento, aporte valor real a su bienestar. En este sentido, mi último libro, que acaba de salir a la venta esta semana, se presenta como una opción accesible para cuidar de su salud y devolverles, de forma práctica, una parte del cuidado que ellos nos brindaron. Ahí se lo dejo…

Referencias:

Beestin, L., Hugh-Jones, S., y Gough, B. (2014). The role of the father in mother-infant bonding: Experiences of fathers of infants with postnatal depression. Journal of Reproductive and Infant Psychology, 32(3), 306-317.

Britto, P. R., Lye, S. J., Proulx, K., Yousafzai, A. K., Matthews, S. G., Vaivada, T., … y Bhutta, Z. A. (2017). Nurturing care: Promoting early childhood development. The Lancet, 389(10064), 91-102.

Bronte-Tinkew, J., Moore, K. A., y Carrano, J. (2006). The relation between father involvement and social-emotional outcomes in infancy and toddlerhood. Social Science Research, 35(4), 942-974.

Ellis, B. J., Bates, J. E., Dodge, K. A., Fergusson, D. M., Horwood, L. J., Pettit, G. S., y Loke, L. (2003). Does father absence place daughters at special risk for early sexual activity and adolescent pregnancy? Child Development, 74(3), 801-821.

Hohmann-Marriott, B. E. (2011). Coparenting and Father Involvement in Combined Families. Journal of Marriage and Family, 73(1), 296-309.

Jeynes, W. H. (2015). A Meta-Analysis: The Relationship Between Father Involvement and Student Academic Outcomes. Education and Urban Society, 47(1), 3-28.

Meuwissen, A. S., y Carlson, S. M. (2019). Fathers’ sensitive challenging behavior predicts child executive function. Journal of Family Psychology, 33(5), 548–558.

Pancani, L., Preti, E., y Riva, P. (2021). The Long-Term Impact of Father’s Presence on Children’s Emotional Well-being. Journal of Child and Family Studies, 30, 245–258.

Paquette, D. (2004). Theorizing the Father-Child Relationship: Mechanisms and Developmental Outcomes. Human Development, 47(4), 193–219.

Pilkington, P. D., Milne, L. C., Cairns, K. E., Whelan, J., y Richardson, B. (2015). Enlisting fathers: Barriers and facilitators to delivering perinatal mental health information to fathers. BMC Pregnancy and Childbirth, 15(1), 1-10.

Rollè, L., Gullotta, G., Trombetta, T., Curti, L., Gerino, E., Brustia, P., y Caldarera, A. M. (2019). Father Involvement and Cognitive Development in Early and Middle Childhood: A Systematic Review. Frontiers in Psychology, 10, 1258.

Sarkadi, A., Kristiansson, R., Oberklaid, F., y Bremberg, S. (2008). Fathers’ involvement and children’s developmental outcomes: a systematic review of longitudinal studies. Acta Paediatrica, 97(2), 153–158.

Volling, B. L., & Cabrera, N. J. (2025). Loving, laughing, and learning: How father–child relationships contribute to children’s development in early childhood. Annual Review of Developmental Psychology, 7, 293–320.

Sobre estas líneas: imagen del óleo La Sagrada Familia, de Bartolomé Esteban Murillo (de dominio público)