ÍCARO Y LA TEORÍA DEL UMBRAL

Dédalo, el gran artífice ateniense a quien la tradición atribuía la construcción del laberinto del Minotauro en Creta, quedó retenido en la isla por orden del rey Minos, que no estaba dispuesto a dejar marchar al hombre capaz de concebir semejantes prodigios; junto a él permanecía también su hijo Ícaro. Como la huida por mar o por tierra era imposible, Dédalo alzó la vista hacia el cielo y dijo a su hijo: «La huida puede impedirse por agua y tierra, pero el aire y el cielo son libres» (Hamilton, 2022), y comenzó entonces a fabricar para ambos unas alas de plumas ensambladas con hilo y cera. Antes de emprender el vuelo, advirtió al muchacho que no descendiera demasiado, para que la humedad del mar no empapara las alas, ni se elevara en exceso, para que el calor del sol no derritiera la cera.

Pero Ícaro, arrebatado por la exaltación de aquella libertad recién conquistada, desoyó la advertencia paterna, embebido por el júbilo del ascenso; fue ganando altura poco a poco, hasta que el ardor del sol ablandó la cera, las plumas comenzaron a dispersarse y esto provocó su precipitación en el encrespado mar. Cuando comprendió la magnitud de la tragedia, ya era demasiado tarde y fue engullido por unas aguas feroces que jamás devolverían su cuerpo. Desde la Antigüedad, la tradición vinculó aquel paraje con la memoria del muchacho caído, y por eso esas aguas recibieron el nombre de mar de Icaria. Algunas versiones añaden que fue el propio Helios quien quiso perpetuar así el recuerdo de Ícaro, abatido en su temeraria ascensión y sepultado para siempre bajo el oleaje.

Como sabrán, servidor es partidario de la cordura, y esta nos enseña que la novedad no encierra valor por el mero hecho de ser nueva, del mismo modo que lo antiguo no merece descrédito por su sola pertenencia al pasado. En ocasiones sucede, de hecho, todo lo contrario. Ahora bien, quien escribe también es partidario de escoger solo aquello que verdaderamente aporta y enriquece; por eso, una mirada al pasado puede ayudarnos a esclarecer numerosos aspectos del presente, pues en él se conservan auténticas joyas de gran vigencia —basta asomarse, por ejemplo, a la literatura española del Siglo de Oro—. De esta manera, de los antiguos mitos pasamos a la ciencia moderna para explicar una cuestión que, pese a contar con toda lógica, no siempre recibe la atención que merece: el umbral de entrenamiento, mediante el cual debemos ejercitarnos para conseguir progresos adaptativos. Permítame que adjunte un breve fragmento de El arte de cuidar de nuestro cuerpo (Valero, 2026) para explicar este aspecto:

«En el camino para crear adaptaciones, debemos prestar atención a un fenómeno conocido como la Ley del Umbral de Arndt—Schultz, entendiendo umbral como la dimensión o valor mínimo que debe poseer la intensidad de un estimulo para que llegue a producir una respuesta adaptativa. Esto quiere decir que debemos tener en cuenta la intensidad en la que nos debemos mover cuando realizamos ejercicio físico para que no rebasemos la línea que lo convierte en lesivo y/o contraproducente, pero tampoco caigamos en ser demasiado suaves, puesto que de esta manera no existirá un progreso gradual continuado en el tiempo (Gómez, 2007).

Imaginemos dos líneas paralelas horizontales, siendo la de arriba el nivel máximo de tolerancia y la de abajo el nivel mínimo necesario para que, a partir de ahí y hasta la línea superior, se produzca un adecuado trabajo. Ahora vamos a situar un pequeño espacio entre ambas líneas, y es dentro de ese lugar donde debemos adaptar la carga de trabajo a la hora de ejercitarnos, puesto que por encima de la línea crítica (la situada en la parte de arriba) hic sunt dracones; empezaríamos a causar daño. Y por debajo de la línea a partir de la cual comienza el umbral óptimo de estimulación (la de abajo), solo obtendríamos los beneficios propios de la actividad durante una fase de iniciación, no existiría un proceso adaptativo. Evidentemente, cuando individualizamos estas líneas imaginarias se sitúan en diferentes lugares de un plano vertical, en función de las características y experiencia del sujeto que realiza algún tipo de ejercicio físico, puesto que cada uno tenemos un umbral y un máximo tolerable intrínseco a nosotros que se irá modificando con el entrenamiento, al igual que un mínimo requerible para que se dé un progreso.

Una extensión del SGA (síndrome general de adaptación, tratado en el volumen anterior por lo que no lo repetiremos aquí) es la teoría del estímulo-fatiga y la recuperación-adaptación (Valero, 2025). Esta sugiere que la respuesta general producida por el estímulo del entrenamiento se ve influida por la magnitud del elemento estresante del mismo entrenamiento; a mayor magnitud de carga, se acumulará una mayor fatiga y esto retrasará la completa recuperación y su consecuente adaptación. Pero esta sensación será crucial para aumentar el rendimiento, puesto que el cansancio es un efecto residual, una respuesta normal a la intervención del entrenamiento, al igual que la mejora de la condición física (Haff, & Triplett, 2017). Para que este patrón se repita y no produzca una reducción de la capacidad general o un estancamiento, deben introducirse nuevos estímulos, exponiéndonos de nuevo al EF y adaptando estrategias de intervención al punto en el que nos hallemos».

Las ciencias de la actividad física y del deporte son bastante más complejas de lo que a primera vista pudiera suponerse; por eso, si de verdad le preocupan su salud y la mejora de esta, conviene mantenerse a distancia de los mensajes simplistas, fragmentarios o formulados con una seguridad que pocas veces merecen. En El arte de cuidar de nuestro cuerpo hallará una síntesis de la evidencia actual, enriquecida por más de dos décadas consagradas al estudio y al ejercicio de mi profesión, y trasladada a un lenguaje que vuelve accesible lo complejo sin empobrecerlo. Así, la lectura no solo podrá depararle un rato grato, sino también un caudal de información útil para usted y para cuantos tengan la fortuna de beneficiarse del conocimiento que decida compartir con ellos.

Bibliografía:

Hamilton, E (2022). Mitología. Relatos atemporales de dioses y héroes griegos, latinos y nórdicos. Perla ediciones.

Valero, A (2026). El arte de cuidar de nuestro cuerpo. Ediciones Agoeiro.

https://www.amazon.es/-/en/ALEJANDRO-VALERO-GARC%C3%8DA/dp/B0GRHNJ3C2/ref=sr_1_1?crid=2LQJEASF2Q83O&dib=eyJ2IjoiMSJ9.8OcYbquitQ5wBe4dtoYqBRa5l2TtHf4_KlvXFd_-MhFaY6us0rnHST5yHiHPtfMR.2I3pC3zv5lJqVoNEp45ooVxOcj47syHU_58o5W-BOjE&dib_tag=se&keywords=el+arte+de+cuidar+de+nuestro+cuerpo&qid=1773307936&sprefix=el+arte+de+cuidar+de+nuestro+cuerpo%2Caps%2C249&sr=8-1#detailBullets_feature_div